EL TRABAJO INVISIBLE
Forjando la temporada, pedalada a pedalada
Acabamos de completar la Vuelta a la Isla y lo hacemos con la sensación de haber cumplido un primer gran ritual: el de la constancia. Porque este camino no empieza en la línea de salida, sino mucho antes, cuando decidimos construir sin prisa y con propósito.
En octubre arrancamos la pretemporada. Es nuestro tiempo de base, de cimientos sólidos. Comenzamos con una fase introductoria en la que, conscientemente, dejamos la bicicleta a un lado para desconectar del ruido competitivo y resetear cuerpo y mente. Es el silencio antes de la épica.
A mitad de octubre y ya entrando en noviembre, la bicicleta vuelve a escena. Aumentamos progresivamente las sesiones y las acompañamos de trabajo de fuerza tres veces por semana. Esta fuerza nos acompaña durante toda la temporada, pero es ahora, en pretemporada, cuando la esculpimos con mayor dedicación. En paralelo, desarrollamos el trabajo de base, priorizando la zona aeróbica y añadiendo, poco a poco, estímulos anaeróbicos que preparan al cuerpo para lo que vendrá.
El salto a lo específico
La fase específica ya está en marcha. En el caso de los júniors, el calendario marca el pulso: la primera cita nacional llega el 21 de febrero en Guadiana (Badajoz). Antes, utilizamos competiciones como la Copa Cabildo (31 de enero) y la Epic Gran Canaria (7 de febrero) como entrenamientos de alto nivel para afinar sensaciones y ritmo de competición.
Cada categoría avanza a su debido tiempo. Cadetes masculinos retrasan la carga específica para llegar en plenitud a la Challenge Costa Blanca (6–8 de marzo). Cadetes femeninas y júniors extienden su trabajo de base, ya que su debut competitivo llega a mediados de marzo en Noja. Ese tiempo extra es una inversión: llegar fuertes, frescos y listos.
Para los Sub-23, el enfoque es distinto. Su temporada arranca el 28 de febrero en Zumaia (País Vasco) y ya estamos inmersos en un trabajo más afinado: series, VO₂ máx, sprints y fuerza constante. Aquí cada sesión cuenta, cada detalle suma.
El fondo que nos sostiene
En estas semanas estamos cerrando la base en muchas categorías, especialmente en júniors, con tres vueltas completas a la isla como reflejo del trabajo bien hecho y de la constancia acumulada día tras día. Son kilómetros que no solo suman en las piernas, sino también en la cabeza, y que refuerzan la confianza en el camino elegido.
Los fines de semana se convierten en nuestro territorio natural: es cuando podemos afrontar sesiones más largas y sostenidas, siempre que el tiempo acompañe. Júniors y Sub-23 asumen entrenamientos de fondo exigentes, mientras que los cadetes se mueven en torno a las 3–3,5 horas, aprendiendo a gestionar el esfuerzo, construyendo resistencia, disciplina y carácter sobre la bicicleta.
Seguimos avanzando con calma y convicción, sin atajos ni prisas. El equipo camina unido, con una idea clara y la mirada puesta en lo que viene, sabiendo que la épica no se improvisa: se trabaja, se entrena y se construye cada día. Y nosotros ya estamos en marcha.


